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domingo, octubre 21, 2012

Simplemente Sine: Edipo re / Oedipus Rex (1967) - Director: Pier Paolo Pasolini

Edipo, hijo de Layo y Yocasta, reyes de Tebas, es abandonado de niño para que se muera, al conocer por una profecía que será el asesino de su padre. Pero el niño es salvado y adoptado por el rey de Corinto. Sin conocer sus orígenes, regresa a Tebas cuando ya es adulto y se cruza en su camino con Layo. Tras una discusión, lo mata, sin saber que era su padre. Posteriormente contrae matrimonio en Tebas con la viuda del rey, es decir, su propia madre. (FILMAFFINITY)

Pasolini es uno de los directores imprescindibles si se pretende conocer siquiera minimamente el cine europeo del siglo XX. Pero es difícil acercarse al cine de Pasolini sin saber algo de su propia vida, de su niñez, de sus relaciones familiares y sexuales, de su filiación política e incluso de las circunstancias en que se produjo su propia muerte.

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En Edipo Rey trata el tema del síndrome ó complejo de Edipo, tema que, por lo que he podido leer en artículos dedicados al director italiano, le preocupaba en la misma medida que lo “padecía”. Y lo trata desde una perspectiva intemporal donde mezcla ficción con realidad (no olvidemos que el punto de partida es una obra de Sófocles) y donde , también por lo leído, hace continuos guiños al espectador, guiños que eran claramente entendidos por los espectadores coetáneos y preferiblemente paisanos. Para los de hoy, alejados en el tiempo y, como en mi caso, en el espacio, si no nos lo cuentan no nos enteramos.

Es por ello que, en general, el cine de Pasolini es especialmente difícil. No obstante Edipo Rey es una película que puede seguirse, en sus líneas básicas y fundamentales, sin mayores dificultades por el espectador actual encontrando en ella auténticos valores cinematográficos. Por ejemplo me interesaron y mucho las localizaciones donde se desarrolla la acción, las canciones y lamentos que parecen provenir de allende los siglos. Me interesa como pinta Pasolini la “realeza”, tan solo un peldaño por encima de la miseria más absoluta. Y sobre todo me interesa el tratamiento de fondo del film que no es tanto el amor innatural por la madre sino la predeterminación y la inexorabilidad del destino.

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BluRay 720p Edipo Re 1967 720p BluRay FLAC x264 GABE

Runtime: 104 min Language: Italian

Director: Pier Paolo Pasolini.

Cast: Silvana Mangano, Franco Citti, Alida Valli, Carmelo Bene, Julian Beck, Luciano Bartoli, Francesco Leonetti, Ahmed Belhachmi, Giovanni Ivan Scratuglia, Giandomenico Davoli.



Sinopsis: In pre-war Italy, a young couple have a baby boy. The father, however, is jealous of his son - and the scene moves to antiquity, where the baby is taken into the desert to be killed. He is rescued, given the name Edipo (Oedipus), and brought up by the King and Queen of Corinth as their son. One day an oracle informs Edipo that he is destined to kill his father and marry his mother. Horrified, he flees Corinth and his supposed parents - only to get into a fight and kill an older man on the road...

        File Size............. 4.35 GiB
        Runtime..............: 104 min
        Genre................: Drama
        Resolution...........: 1280 x 692
        FPS..................: 24 FPS
        Video................: X264 5 709 Kbps
        Aspect ratio.........: 1.85
        Audio................: Italian, FLAC 2.0 278 Kbps
        Subtitles............: English, Romanian
        IMDB.................: http://www.imdb.com/title/tt0061613/
        

     

Oedipus Rex (1967) Edipo reOedipus Rex (1967) Edipo re (Calidad DVDRip, 1.50 GB)

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Entrevista a Pasolini publicada en 1971
Pier Paolo Pasolini: Edipo y yo
Revista Confirmado

Pier Paolo Pasolini nació en Bolonia hace cuarenta y siete años. Para el público italiano, tal vez ha merecido más que nadie el doble sobrenombre tradicional de su ciudad natal: “Bolonia la docta”, que hizo de él un universitario culto, y “Bolonia la roja”, que ve en él a un representante de la revolución. El escándalo parece ser la dimensión necesaria de este hombre sorprendente que se define a sí mismo como escritor–cineísta. Mientras algunos lo acusan de caer en la pornografía, la Oficina Católica Internacional de Cine (OCIC) le otorgó dos premios, el primero por El Evangelio según San Mateo y el segundo por Teorema. Por un voto estuvo a punto de obtener ese premio por tercera vez por Pajarracos y Pajaritos.

Desde entonces, Edipo Rey y, más recientemente, Porcile confirmaron la ambigüedad del personaje y de la obra: marxista convencido y cristiano “moderno”, Pasolini no teme ni la contradicción ni la paradoja. Utiliza la mitología, la Biblia, Sófocles, Eurípides, sin el menor complejo para hacer un camino peligroso jalonado de oprobios y de elogios. Si es capaz de vagar por los suburbios romanos para buscar nuevos talentos, también lo es para domesticar a María Callas, elegida para interpretar el papel de esa mujer bárbara y mortal que fue Medea. Es que no es precisamente una de las características menos importantes de este realizador adorado y odiado esa atracción por los desafíos difíciles.
Este hombre de múltiples rostros, cuya obra sacudió al cine contemporáneo, confiesa ingenuamente que tiene un solo ídolo: la verdad, cualesquiera sean las trampas que acechan a quienes tienen ese culto. El reportaje que sigue es una tentativa para esclarecer en algún grado un mito actual: el suyo.

A menudo usted ha sido acusado de pornografía, ¿eso le irrita?
Las personas que dicen que mis films son pornográficos resultan sospechosas. De todas maneras, no tengo nada contra los films pornográficos. Corresponden a una especie de subcultura, pero por eso no corresponde prohibir a los realizadores o a los productores de hacerlos, ya que eso sería represión. Puede ser que algún día, si son demasiado numerosos o están demasiado mal hechos, nadie vaya a verlos. Es la política de lo peor, de la saturación…

Muchas veces se dijo que usted tenía tres “ídolos”: Cristo, Marx y Freud… ¿Qué piensa de eso?
Esas no son sino fórmulas… De hecho, mi único ídolo es la realidad. Si elegí ser cineísta al mismo tiempo que escritor es porque, más que expresar esa realidad por medio de los símbolos que son las palabras, preferí el medio expresivo que es el cine, a fin de expresar la realidad por la realidad.

¿Podría usted, sin embargo, expresar con las palabras, y tal como la percibe subjetivamente, esa realidad constituida por la juventud actual y que parece apasionarlo?
La juventud, o por lo menos cierta juventud que representa la mayoría, la masa gris de nuestra sociedad, ha perdido toda sed de cultura. Es ignorante y no quiere admitirlo. Lo que resulta peligroso es que ha hecho de su propia ignorancia una ideología, una barrera detrás de la cual se esconde entonando slogans. No hay más que un porcentaje mínimo de estudiantes que han leído a Proust, Sartre o Marcuse. La cultura ha llegado a su punto de saturación. Toda literatura es una literatura “de papá”. En esta sociedad, sólo la productividad tiene fuerza de ley, y toda productividad tiende a negar la cultura. Para producir no es necesario cultivarse. Los jóvenes que quieren entrar en ese mundo industrial y paleo–industrial siguen las líneas de fuerza impuestas por la tecnología y rechazan las artes, la literatura. Es ésa una ley mecánica, automática, a la cual la juventud adhiere, inconscientemente. Toda alteración, toda contestación, aún no violenta, no representa nada si se consideran el conjunto de la juventud y el número de los contestatarios. La rebelión es el producto de una pequeña élite. El conjunto no tiene más que una finalidad: la industrialización total, mundial. La juventud, al rechazar la sociedad pero rechazando al mismo tiempo toda cultura, a menudo no hace sino aceptar esta situación.

¿Por qué ese rechazo a la cultura?
Porque la cultura coincide con el padre, la madre, la Iglesia, con todos los tabúes familiares y sociales. Ha sido así en todos los tiempos. La juventud siempre ha renovado la cultura aparte de la del padre. Ella atacaba entonces al padre, lo que implicaba un sentimiento de angustia, un pregusto de muerte, un fabuloso masoquismo. Matar al padre, aún bajo esa forma, representa un masoquismo absoluto, una culpabilidad constante. La civilización era todavía agrícola, y el hombre no era este aprendiz de hechicero que iba a forjar su soledad al mecanizarse.
Hoy, sólo una élite se atreve a atacar todavía la cultura de papá. Su sentimiento de muerte se ha decuplicado [sic] en este mundo bárbaro, hecho de ciudades–cárceles, auto–rutas implacables, de mal cine, de malos programas de televisión, de falsas o triviales informaciones. La técnica niega al arte. Debe ser servida; si no, se producen la angustia, la muerte. Se impone y aniquila todo sentimiento que no quiera servirla. Mata la humanidad, es decir, lo humano en el hombre.
Detenerse, rechazar, buscar, plantearse cuestiones, en una palabra, cultivarse, representa sentir tal tensión, una marcha tal contra la corriente, que sólo una élite (y mañana una super–élite) podrá todavía permitirse, aceptando la muerte, la presión social, abocarse al problema. Por eso la juventud se calla. Marcha con los ojos fijos sobre la estela que deja la máquina. Progresa al son de una marcha compuesta de mala música, visualizada por una televisión retrógrada, alentada por un cine que no tiene nombre y por una sexualidad anárquica. Eso no es ni música, ni arte, ni amor, sino un menjunje estéril que fuerza a la juventud a refugiarse en la productividad. He allí por qué la juventud se calla…, y sin embargo es ella quien escribe la historia.

¿El amor podría mejorar esta penosa situación?
La sociedad no quiere más amor. Lo rechaza, porque el amor se opone al trabajo y absorbe tiempo al tiempo para la producción. Había que ensuciar al amor, al amor propio, al auto–respeto. Pero, como contrapartida, el amor puede ser utilizado para expandir la productividad. ¿Se venden coches? ¡No! Se vende la representación de las parejas que se abrazan sobre los asientos. Eso es lo que muestran los afiches, lo que propone la publicidad. Una mujer desnuda sobre el capot de un coche, y el coche se comprará. ¿Color? Rojo. Nadie se acuerda más de la marca. En EE.UU., país técnicamente más avanzado, la juventud protesta contra la técnica por medio de la antitécnica. Y se produce el fenómeno hippie, los cabellos largos; la comunidad se puede convertir en concentracionaria, la cólera en flores, en no–violencia, en no–acción.

Entonces, ¿no es necesario revivir el amor? ¿No se podría tratar de sublimar la pareja?
¿Para qué? Jamás he visto a la pareja tan triunfante, tan sublimada como hoy: “Ella” y “Él”, por todas partes, la imagen de Epinal erigida en principio. Incluso cuando los movimientos estudiantiles, en París, Roma o Milán, jamás he visto en la calle tantos contestatarios besarse, a los hombres mostrar su amor por otros hombres y a las mujeres por otras mujeres. La juventud es profundamente moralista. Reproduce el moralismo del padre, de la sociedad. El eros liberado, hetero u homosexual, anárquico, libre, existe posiblemente en la alta burguesía, pero todavía no es sino una desviación hipócrita.

Puesto que para usted la pareja no existe, ¿es preferible vivir solo o en grupo?
Es una falsa alternativa. Esa es bien claramente una noción hipotética, arcaica, calcada sobre modelos antiguos. La soledad representa el ascetismo, la santidad. Y no es más que una manera de huir de la sociedad. Es una reacción feudal, egocéntrica, un miedo de afrontar el problema. Vivir en grupo es el suicidio, es a menudo la droga, especie de foso fáctico que uno instala entre sí mismo y el otro. Es otra soledad para reencontrar la soledad en la tumba, porque, en tanto que uno no está muerto, jamás está solo. Amar la droga es también rechazar la cultura. Una persona culta también podrá drogarse, pero lo hará por razones más plausibles, sea porque está enferma, sea porque tiene necesidad de ella para dar nueva agudeza a su espíritu. Los jóvenes lo hacen por automatismo, por autodestrucción y para inventar excusas a su subcultura.
Cocteau se drogaba, pero era por razones culturales. No creo que la capilla de Saint–Jean–Cap–Ferrat hubiera sido construida jamás si el no se hubiera drogado… Los jóvenes que se drogan nunca aman lo que tiene calidad. En el delirio del haschich o de la marihuana, enarbolan la mala pintura o el cine underground de segundo orden… El único consejo que puedo dar a la juventud es el de que se cultive; después, que se drogue, si todavía puede. No es vistiéndose como una rata de cueva de Saint Gérmain que uno se convierte en Sartre, ni drogándose se convierte en Aldous Huxley…

Pero usted, ¿cómo era a esa edad? ¿Cuál fue su juventud?
Explicarse, rehacer el mundo hablando de sí mismo, encontrar excusas mirando muy lejos por detrás del hombro, decir “yo he nacido”, “yo vivía”, conjugarse en pasado imperfecto… no puedo hacer eso. No tengo ni la fuerza física ni la fuerza moral necesarias. Sería necesario poder revivir cada segundo, volver a sentir las sensaciones de entonces. Las autobiografías son siempre falsas. Son o complacencia o suicidio. Las biografías contienen por lo menos una verdad: la apariencia que se ha querido dar a los demás.

Sin embargo, usted dijo de su film Edipo Rey que era el más autobiográfico…
Es exacto. La diferencia profunda entre Edipo y mis otras películas reside en que ésa es autobiográfica, mientras que las otras no lo eran o lo eran menos. Por lo menos, lo eran casi inconscientemente, indirectamente. En Edipo, yo contaba la historia de mi propio complejo de Edipo. El chico del prólogo soy yo, su padre es mi padre, veterano oficial de artillería, y la madre, una institutriz, es mi propia madre. Yo contaba mi vida; mitificada, sin duda, convertida en épica por la leyenda de Edipo. Pero, pese a ser el más autobiográfico de mis films, es el que considero con mayor objetividad y distanciamiento; porque si es cierto que contaba una experiencia personal, era una experiencia terminada y que prácticamente no me interesaba más. Pero me interesaba, por lo menos, como elemento de conocimiento, de reflexión. Ya no era una lucha ni un drama. Mientras en mis films precedentes afrontaba problemas siempre vivos para mí, allí trataba un tema alejado de mí.

¿Qué elementos autobiográficos, qué recuerdos utilizó para ese film?
En las primera imágenes se ve un prado, y ese prado corresponde netamente al lugar donde mi madre me mandaba de paseo cuando era niño. Ciertas vestimentas, como el vestido y el sombrero amarillo de la madre, las hice reproducir de viejas fotografías. Hay también un traje de oficial que es idéntico al de un oficial de la década del 30… Lo que me impresiona, también, era reencontrar la gran plaza de Bolonia, en la actualidad, colmada de gente, y sentirme allí como en un sueño…
¿Por qué en Edipo Rey usted mismo interpretó el papel del abuelo? Su réplica es la más larga de todo el film…
Por dos razones. Ante todo, porque en el momento no encontré a nadie que fuera conveniente para el papel. Y después, porque esa frase es la primera del texto de Sófocles, y me gustaba ser yo mismo, como autor, quien introdujera a Sófocles en el interior de la película.


Algunos críticos han hablado, a propósito de ese film, de “colores oníricos”. ¿Podría decirnos si usted sueña en colores o en blanco y negro?
Sueño de las dos maneras. De todos modos, debo decir que no creo haber soñado jamás los colores que se ven en ese prólogo. Los sueños que he tenido… Por ejemplo, recuerdo un sueño de hace diez años, en que la explosión de un volcán ponía en fuga a una muchedumbre espantada… Mis sueños me han inspirado sobre todo los colores de los episodios de la peste y de los funerales. La idea de amortajar a los muertos con oropeles coloridos fui yo quien la tuvo, y es una idea que tiene los colores de mis sueños…

¿Cuál es su definición del amor?
Por falta de amor, las gentes mueren, se asfixian. Es la melancolía, la muerte. La sociedad lo siente, y es por eso que se tiende de tal modo a glorificar el amor. Es una de las claves de la productividad. Sin amor, el hombre no puede producir. Luego, todas las sociedades son sexualmente represivas, porque la energía que el hombre consume para hacer el amor escapa al provecho del capital. Toda sociedad es ante todo puritana, y es preciso no creer que vivimos un período de plena libertad sexual. Es ilusorio. El día que la sociedad haya realizado la industrialización completa, se verá nacer a un tipo de moralista absoluto, como a los de las sociedades más retrógradas. Si se han inventado las horas suplementarias, no es para impedir el amor, sino para canalizarlo a través de reglas sociales. El amor se transforma, entonces, en la recompensa por el trabajo proporcionado en beneficio de la industrialización.

¿El amor se transformaría en el símbolo del fruto prohibido?
La sociedad prohíbe conocer la potencia de nuestro amor y aplicarla de verdad. Enseña a los individuos a tener una falsa idea de sus propios deseos, de su propia libido. La sociedad quiere reafirmar en el hombre la falsa idea que tiene de su propio amor, como la que tiene en sí mismo.

¿No piensa usted que el hombre busca por desesperación conocer sus límites sexuales?
Si se quiere ir más allá de los límites sexuales, uno se pierde en el infinito. El más allá del amor es la locura. Felizmente, la economía sexual existe. Allí hay un mecanismo de bloqueo, de corrección. Eros se bloquea a sí mismo.

¿Existe el amor sin relaciones sado–masoquistas?
Es inconcebible. Pero, ¿quién comenzó? ¿Sade o Masoch? Es la historia del huevo y de la gallina. El equilibrio de esas dos fuerzas es la resultante del equilibrio humano.
Al hacer sus películas, y especialmente Teorema, ¿tuvo usted la impresión de hacer una obra útil?
En todo caso, no es mi finalidad. No quiero ser ni paternalista, ni pedagogo, ni propagandista, ni apostólico… Cuando una obra cultural se hace ciencia, ya no es más cultura. El psicoanálisis no es cultura, sino ciencia aplicada. Hacer estudios atómicos y construir la bomba H no es la misma cosa. Sólo la esencia de una obra es útil: he allí por qué toda obra auténtica antes que útil es terapéutica.

Usted decía, hace un rato, que la pareja no existe. Pero, fisiológicamente, ¿cómo es posible negar su existencia?
No se puede, fisiológicamente, negar la cupla, el acoplamiento. Es como núcleo familiar que la pareja no existe más. El neo–capitalismo ya no necesita de la familia, como no necesita de la Iglesia. Si los conserva todavía, no es más que como supervivencias. La educación de los niños ya no depende de la familia, sino del grupo. Sí, vivimos el fin del mundo. El fundamento de la sociedad se ha desplazado. Ahora es la relación entre producir y consumir. ¿Por qué los jóvenes producen fugas? Conozco bien ese problema. Encontré cantidad de jóvenes escapados de sus casas. Los interrogué. La motivación es la misma que hace veinte años: miseria, desacuerdo entre los padres. En suma, razones clásicas, retardatarias, anárquicas, arcaicas, retrógradas. Pero ellos esconden, por falta de conocimiento, la verdadera razón detrás de las razones colocadas delante: libertad, búsqueda de lo absoluto, contestación. Conocí a un muchacho de veinte años que se había escapado de su casa. Escuché lo que habló. Le dije: “Te fugaste porque estabas enamorado de tu suegra y querías hacer el amor con ella”. Se derrumbó. Rehusó confesarlo. Decía que lo había hecho para venir a Roma a participar de la protesta estudiantil. Escondía su revolución freudiana detrás de una revolución social. Sin embargo, aparte de este aspecto, se había fugado por una razón más moderna, para insertarse en la vida del grupo y sufrir su educación. Había elegido otra familia. La familia había sido reemplazada por el grupo. El muchacho, para imponerse al grupo, protesta con y contra los otros. Hecho eso, aporta consigo todos los viejos hábitos: moralismo, utilitarismo. Ahora bien, para un verdadero revolucionario, nada es útil ni inútil. Sólo cuenta la acción. La utilidad es todavía una noción burguesa, y los cánones mismos de la utilidad son el moralismo, la hipocresía, la represión, la violencia. Todo acto sirve en sí mismo, en tanto que acto. Es autosuficiente. Es preciso actuar por instinto y cultura. La cultura se suma al instinto; es la cultura lo que nos diferencia del animal.

¿Cuál es su posición respecto de la homosexualidad?
–Ya lo dije: la pareja considerada como núcleo familiar es una herejía, una alienación. Desde el momento en que la pareja es codificada, no puede menos que destruirse. Y bien, la sociedad rechaza lo que no está codificado y que podría poner en cuestión sus estatutos. La homosexualidad amenaza a la sociedad. Es inconcebible en todo organismo o comunidad aun muy libre. Traten solamente de imaginar la homosexualidad en la Fiat. ¿Por qué, desde el momento en que se acepta la noción de no–pareja, de no–familia, se rechazaría el amar al otro, de cualquier raza o sexo que se presente? La mujer siempre fue considerada como un ser inferior en la sociedad. Ella detenta su función social en el nacimiento: hace niños. Si los nazis no hubieran tenido necesidad de la mujer para cumplir esa función, si la sociedad hubiera estado completamente industrializada, es probable que hubieran encerrado en sus campos de concentración a los polacos, a los judíos, a los gitanos y a las mujeres. Habrían encerrado también a los homosexuales, puesto que son una amenaza en una sociedad moralista. Si no lo han hecho, es por una razón práctica: para construir niños; construirlos, no ponerlos en el mundo. La mujer existía en tanto que máquina. ¿Pero el homosexual socialmente improductivo? Su suerte es peor todavía que la de la mujer. Es un marginado y como tal sus reacciones pueden ser o aceptar el rechazo social y sufrir, o marchar contra la corriente y sufrir lo mismo. La normalidad y la anormalidad son también nociones burguesas. La única anormalidad que la sociedad capitalista tolera todavía es la mujer. La mujer busca y consigue raramente extraerse de su condición de excluida. Son raras las mujeres libres y que viven como el hombre. ¿Cuántas magistradas? ¿Cuántas directoras de teatro o de cine? La sociedad hace todo lo posible por impedir a la mujer liberarse, y si de pronto acepta dejarles el lugar de los hombres, ¿de qué hombres se trata y cómo están considerados? Basta con mirar los programas de televisión. ¿Pueden liberar a la mujer? La única libertad que se les concede es una libertad sexual que, de hecho, es lo contrario de una libertad y más bien se trata de una represión sádica. La serie de películas eróticas lo ilustra suficientemente. No sirven más que para entretener los instintos freudianos más bajos y, al mismo tiempo, para hacer prosperar la productividad con el envilecimiento, las horas suplementarias, el ahorro, etc. La mujer será la resultante de ese trabajo aplicado. Será el receptáculo de las necesidades creadas por la sociedad. Es por eso que yo trato y trataré siempre de idealizar a la mujer, a fin de convertirla en ella misma, sin ningún condicionamiento. Para mí, una mujer se debe a sí misma el ser liberada y pura, idealizada como lo es mi propia madre.

¿Por qué eligió usted a la Callas para Medea?
María Callas es una trágica extraordinaria. Es la única que podía expresar, aun sin actuar y sin decir un palabra, la catástrofe espiritual. Sabe mostrarse como una gran enamorada, una mujer violenta y atormentada, lo contrario de la mujer vencida. Es suficiente ver las mujeres en mis films, lo que ellas son más allá de las apariencias, para saber lo que soy yo, Pier Paolo Pasolini. No soy creyente, pero estoy muy cerca del mito del Evangelio. Si se entiende por eso un mito religioso en el sentido más amplio del término, el de la posibilidad de un diálogo entre marxistas y cristianos, yo estoy más cerca del mito edípico, es decir, del amor del hijo por la madre y del odio por el padre. Estoy más cerca, en la medida en que lo he sobrepasado, mientras que no he superado mi “pertenencia” a toda la mitología cristiana.

¿Ama usted la vida?
–Amo la vida ferozmente; desesperadamente también. Y creo que esta ferocidad y esta desesperación no me llevarán sino a mi destrucción. Amo el sol, la vegetación, la juventud. Ha llegado a ser para mí un vicio más espantoso que la cocaína. Devoro mi existencia con un apetito sin límites. ¿Como terminará esto? No lo sé…

¿Por qué sus películas son tan escandalosas?
Porque yo soy escandaloso, como lo expliqué antes. Soy escandaloso en la medida en que tiendo una cuerda, un cordón umbilical, entre lo profano y lo sagrado. 


Entrevista publicada  en Confirmado, N º 331, 19 de octubre de 1971, Buenos Aires: 40–43
Fuente: http://www.adversus.org/indice/nro4/dossier/dossier_edipo.htm#publicado

ENLACES/FUENTES:
http://cinehouseuk.blogspot.com.ar/2012/07/pier-paolo-pasolinis-oedipus-rex-to-get.html
http://elcineitaliano.blogspot.com.ar/2011/03/edipo-re-pier-paolo-pasolini-1967.html
https://publichd.eu/index.php?page=torrents&search=edipo&active=0&category=2%3B5
http://www.filmaffinity.com/es/film461869.html
http://www.filmaffinity.com/es/reviews/1/461869.html
http://www.rebelion.org/noticia.php?id=93493
http://www.youtube.com/user/Eurekaentertainment/videos

martes, octubre 02, 2012

Sinner Sinema: The Canterbury Tales (1972) - Director: Pier Paolo Pasolini

En una de las escenas intermedias de Los cuentos de Canterbury (I racconti di Canterbury, Pier Paolo Pasolini, 1971-1972) aparece el propio Pasolini, que interpreta en su película a Geoffrey Chaucer, leyendo El Decamerón (Il Decameron, 1971), otro de los títulos incluidos en la denominada “Trilogía de la vida” (“Trilogia della vita”), compuesta además por Las mil y una noches (Il fiore delle mille e una notte, 1973-1974). En más de una ocasión vemos a Pasolini-Chaucer en su estudio, después de haberlo visto al comienzo junto a otros personajes de los Cuentos. En la escena en la que lee o escribe los cuentos, Pasolini-Chaucer se encuentra en un estudio que evoca una pintura de estilo flamenco, San Jerónimo en su estudio, de Antonello da Messina. La alusión al traductor de la Vulgata, tal como ha sido representado en este óleo renacentista, no es casual en una película que pretende volver a contar una de las ficciones más felices de la literatura medieval. (POR JAVIER ALCORIZA)

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La pregunta sobre la verosimilitud cinematográfica de la representación de Chaucer debiera preceder a todo comentario sobre la película. Pasolini ha sido un adaptador de grandes relatos literarios a la pantalla, es decir, un traductor en imágenes para nuestro tiempo de historias ya contadas, como los cuentos que se relataban los peregrinos de Canterbury. Presentar o representar los Cuentos de Canterbury (Canterbury Tales) de Chaucer a un público de nuestra época implica, sin embargo, asumir que las diferencias entre el mundo de Chaucer y el mundo de Pasolini no son insalvables y que las semejanzas humanas nos invitan a reflexionar sobre la verdad de nuestras vidas como espectadores (CHAUCER, 1984; 1992). La comadre de Bath dice al principio de los Cuentos de Pasolini que la verdad a veces se cuenta entre bromas y burlas. Hay, entonces, una verdad oculta en el entretenimiento que nos ofrecen estos Cuentos de Pasolini y, desde que así nos ha sido anunciado, tendremos que estar atentos no sólo a la parte jocosa de las historias, sino a lo jocosos que podríamos resultar como actores de una historia como la que estamos viendo.
De esa correspondencia entre el mundo de Chaucer y el mundo de Pasolini, y de la correspondencia entre el mundo de Pasolini y el de sus espectadores, depende la vitalidad de esta segunda parte de la Trilogía. Esa vitalidad se hace patente o audible en la presencia que tiene el canto en casi todos los cuentos, con su punto culminante en la figura del joven Perkin, que sigue cantando cuando está prisionero en el cepo. Una especie de exultación se apodera de los personajes que se ponen a cantar y bailar, como si no hubiera motivos para que el engaño o la frustración, que también padecen, les embargaran por completo el ánimo.(SIGUE)

The Canterbury Tales (1972)

Posted By : Someonelse | Date : 29 Sep 2012 03:39:00



The Canterbury Tales (1972)
A Film by Pier Paolo Pasolini
DVD9 | ISO | PAL 16:9 | 01:46:29 | 6,96 Gb
Audio: Italian, English dub - AC3 2.0 @ 320 Kbps (each) | Subs: English (+SDH)
Genre: Drama, Art-house, Comedy

Italian director Pier Pasolini tells four of the Chaucer tales in this graphic and satirical picture that chronicles the 14th-century's social, sexual, and religious standards in England.

IMDB

The Canterbury Tales (aka - I Racconti di Canterbury) constitutes the second installment in controversial, late Italian filmmaker Pier Paolo Pasolini’s fabled Trilogy Of Life, following on from The Decameron (1971) and preceding The Arabian Nights (1974).

Easily the least seen and arguably the least regarded of the Trilogy Of Life, The Canterbury Tales in many ways cemented Pasolini’s considerable infamy when its 1972 domestic release was delayed by the intervention of the Italian authorities who lauded the films rampant bawdiness as obscene. Since then The Canterbury Tales has essentially become a seldom celebrated anomaly in its makers portfolio, encountering mild praise from a few whilst being completely dismissed by many critics as irreverent, dirty-minded trash.

As he did with his adaptation of Bocaccio’s The Decameron, Pasolini utilises Geoffrey Chaucer’s 14th century texts which comprised the literary Canterbury Tales as a template for an independent, interlinked series of vignettes and tableaux with a frank, upfront and rather humorous, wry onus on human sexual practices of almost every conceivable variety. Pasolini totally disregards Chaucer’s original literary framing device of having the tales being told by pilgrims en route by foot to London and instead opts for a more novel and personal spin. Pasolini takes eight of Chaucer’s stories – those of The Merchant, The Friar, The Cook, The Miller, The Wife Of Bath, The Reeve, The Pardoner and The Summoner – and presents them as an unrelated series of shorts, interspersed by framing vignettes featuring Chaucer (played by Pasolini himself) scribbling these saucy tales down in his study, seemingly as a respite from the constant henpecking of his wife.

While viewers could certainly have been spared the horror of witnessing a pre-Doctor Who Tom Baker contributing a brief nude scene The Canterbury Tales at least registers as one of the most spectacular directorial car crashes viewers are ever likely to witness. Pasolini seemingly sets out to make one of those films that (conceptually speaking) only makes any real sense in the mind of its creator. The forthright piety of Chaucer’s original texts is eliminated completely as is any sense of the personal perspective of those telling the tales. Instead Pasolini preoccupies himself almost entirely with the graphic depiction of sexual desires and practices. This is characterised by a deliberate sense of warts and all vulgarity which sees Pasolini run the gamut of varied, imaginative couplings as medieval Britain is depicted as a land occupied by sex-obsessed reprobates and religious fools.

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The films intentions are literally laid bare in the first tale as a lecherous old king rigorously services his handpicked young wife whilst she secretly lusts after a young suitor, only for fate to take a truly bizarre turn. This proves to be merely in the custard in a vast cinematic trifle that soon descends into an unrestrained festival of constant full frontal nudity (as much male as female), rampant sex, sadomasochism, mutual masturbation, flagellation and a slapstick anal branding via red hot poker! In what was a relative cinematic taboo for the time, rigorous homosexual couplings are shown in brief but graphic detail. Later one of these closet homosexuals is burned alive in what obviously seems to be the openly homosexual Pasolini’s idea of a thinly veiled dig at the totalitarian Italian authorities who had dogged much of his career. Ironically this perspective is vindicated to a degree when you consider that The Canterbury Tales itself got its collar felt by the Italian authorities.

Just when you think you have seen it all Pasolini assails the viewer with a truly jaw-dropping finale which sees him whisk us off for an impromptu visit to hell complete with Satan himself dispelling scores of Friars from his backside to the accompaniment of enormous, ear-splitting farts. This must surely mark a cinematic first and surely a cinematic last as well?

While The Canterbury Tales is without a doubt seriously risqué and upfront stuff by the standards of its time it is not especially shocking at all now, thirty-five years later. What does surprise however, is the prevalent sense of wry, playful comic mockery which sees Pasolini openly poking fun at the promiscuity and base sexual behaviour that the film at the same time marks such a spirited aesthetic celebration of. There is no attempt at eroticism; instead Pasolini focuses on the acts in all their vulgar coarseness. Unfortunately there is so much nudity and visually unappealing couplings on display that the viewer soon grows numb to it all. Eventually Pasolini’s obsession with it breeds contempt and the squarely placed emphasis on the pursuit of sex and then the act of sex tends to completely bury any message or perspective any of these stories might have had. The film is not helped either by Pasolini’s conceited decision to present the eight stories as a series of unrelated vignettes. This gives the film an uncomfortably disconnected feel and tends to constantly disengage the interest of the viewer just as soon as Pasolini has succeeded in piquing it.

On a technical level The Canterbury Tales is often a triumph. Pasolini does a sterling job of recreating medieval Britain due in no small part to the top drawer work of costume designer Danilo Donati and a unique, but effective score by Italian great Ennio Morricone, which presents subtly reworked variations on traditional folk ditties of the period. The presence of a great many British actors amongst the Italian cast members also lends the films setting some authenticity, but this leads to a rather bizarre situation in itself. Due to the film having been shot in England with so many British cast members, The Canterbury Tales was originally filmed in English with the Italian portion of the cast mostly lip-synching their lines to be dubbed into English at a later stage. While the original English version is available most versions are of Italian dubbed, English subtitled prints. Rather strangely this results in the sight off British actors silently mouthing English dialogue but clumsily over-dubbed in Italian, with English subtitles! Obviously this gives much of the acting a somewhat stilted, awkward feel although criticism of this is really negated by the fact that the cast amount to little more than muses for the directors flights of whimsy, as is often the case with Pasolini. It is however pleasing to note the presence of Pasolini (and Mario Bava) regular Laura Betti, who makes a strong impression as The Wife Of Bath. Wrestling fans of a certain age will no doubt derive much amusement too from spotting the flamboyantly camp British wrestling legend “Exotic” Adrian Street in a bit part as, yes you guessed it, a wrestler!

As the film draws closer to its conclusion it becomes plainly obvious that for all the gusto of his direction, Pasolini really does not take nor intend for these tales to be taken especially seriously. This is in many ways confirmed by the final shot of Pasolini as Chaucer writing that “Here end the Canterbury Tales, told only for the pleasure of telling them”. This raises the question as to why the viewer should really attach any importance to what is going on when Pasolini himself seemingly doesn’t? All the same the breezy, comical tone is liable to come as a shock for viewers who may only be familiar with Pasolini through the humourless, blackening nihilism of his far more infamous Salo (1975).

The real question is whether The Canterbury Tales ultimately qualifies as a clever, satirical take on humanities sexual mores, or as a cheap and puerile excuse to cram almost two hours of screen time with as much nudity, debauched spectacle, scatological humour and taboo subject matter as possible? There’s certainly room for argument and no doubt the more broadminded portion of the art house crowd and fans of cinematic anomalies will find enough to intermittently pique their interest en route to drawing their own conclusions. Either way however, it must be said that if The Canterbury Tales happened to be the only Pier Paolo Pasolini film, then it would be very hard to envisage too many gathering to mourn the absence of more.

Special Features:
- Alternative English-language version presented with English version inserts (01:46:32)
- Original Italian trailer (04:35)
- Exclusive new documentary exploring Pasolini’s significance to the Italian genre film (35:11)
- Alternative shots (03:37)








(VIENE DE ARRIBA)

Como características superficiales de la poesía de Chaucer, la hilaridad y la moralidad aún son reconocibles en la película de Pasolini, cuya adaptación o traducción ha respetado ese juego de la imaginación, marcado por la libertad con la que los personajes quieren entretenernos mientras realizan su viaje. (Los cuentos rendían incluso su propio homenaje al cine cómico con la citada historia de Perkin, un trasunto de Charlot por su aspecto y pantomima; recuérdense las palabras de Ninetto Davoli a propósito de la emoción que le causaba recrear el humor de Chaplin en una película en la que aparecía su hija Josephine. Josephine encarnaba a la joven Mayo en el primer cuento, junto a Hugo Griffith en el papel de Enero).

 Podemos decir incluso que la virtud de la adaptación consistiría en haber mantenido precisamente cierta continuidad entre la hilaridad y la moralidad, y que esa continuidad nos devuelve, de manera más eficaz que la recreación de los lugares e indumentaria de los personajes, al mundo en el que han nacido los Cuentos de Chaucer. La continuidad está asegurada por la imagen del mundo o el “orden civilizado antiguo” dominante en la época de Chaucer. El cristianismo forjó esa imagen desaparecida en la época de Pasolini, por lo que la traducción o adaptación de la poesía al cine era no solo un recurso, sino un desafío a la hora de presentar los Cuentos de Canterbury como una renovada fuente de entretenimiento. La descomposición de un mundo y la aparición de un mundo nuevo, vinculados por el trabajo de los artistas, hacen que prestemos atención a las diferencias entre sus obras.

Artículo completo aquí: http://textosred.blogspot.com.ar/2012/07/coordinadores-mariel-manrique-hernan.html

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ENLACES/FUENTES:
http://avaxhome.ws/video/genre/art_house/CANTALES.html
http://amordespuesdemediodia.blogspot.com.ar/2012/05/los-cuentos-de-canterbury.html
http://atomiccaravan.blogspot.com.ar/2012/07/the-canterbury-tales-1972.html
http://honar-ehaftom.blogspot.com.ar/2011/11/canterbury-tales-i-racconti-di.html
http://thirstyrabbit.blogspot.com.ar/2010/12/pier-paolo-pasolinis-i-racconti-di.html